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El Origen de un Ícono: La Historia No Contada del Corsé

Cuando escuchas la palabra "corsé", ¿Qué te viene a la mente? Probablemente, una prenda que evoca opresión, rigidez y, tal vez, una figura imposible. Pero detrás de su fama controversial, se esconde la fascinante historia de una prenda que fue mucho más que una simple herramienta para estilizar la figura.



El corsé no siempre fue un símbolo de la opresión femenina; en sus orígenes, era un reflejo de la estructura social, un elemento arquitectónico del cuerpo que evolucionó con cada siglo.
El corsé no siempre fue un símbolo de la opresión femenina; en sus orígenes, era un reflejo de la estructura social, un elemento arquitectónico del cuerpo que evolucionó con cada siglo.

Más allá de la figura, una arquitectura de la moda


En el siglo XVI, el corsé no buscaba la cintura de avispa. Su función era aplanar el torso para crear una silueta cónica, rígida y formal, que era el ideal de belleza en la corte de la Reina Isabel I. Era una prenda de estatus, un signo de nobleza y poder.

Durante el Renacimiento y la época Victoriana, su propósito cambió. Se convirtió en un pilar esencial del vestuario para lograr la famosa silueta de reloj de arena. La rigidez y el ajuste apretado no eran solo una cuestión de estética, sino que también influían en la forma en que las mujeres se movían, se sentaban y, en muchos casos, se comportaban. Era una armadura social que definía su lugar en un mundo de reglas estrictas.


Una prenda de rebelión y liberación


Lo irónico es que el corsé también se convirtió en un símbolo de rebelión. A finales del siglo XIX, las sufragistas y reformadoras de la vestimenta lo atacaron como una limitación física y social. Sin embargo, no desapareció. Los diseñadores del siglo XX lo reinventaron, transformándolo en un elemento de empoderamiento y sensualidad.

Ubícate en los corsés de Jean Paul Gaultier en los años 80, que no se escondían debajo de la ropa, sino que se lucían con orgullo, como una declaración de poder. O en el corsé de Vivienne Westwood, que recuperó su diseño para un público punk y rebelde. Se convirtió en una prenda de libertad y autoexpresión, mostrando que el poder de la moda no está en lo que nos oprime, sino en cómo usamos lo que nos empodera.


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La historia del corsé nos enseña que las prendas, al igual que las personas, pueden reinventarse. Nos demuestran que la moda es un reflejo de nuestra sociedad y de cómo decidimos expresarnos en ella.


Ahora te toca a vos: ¿Qué prenda histórica te parece fascinante o crees que debería volver a usarse? Déjanos tu respuesta en los comentarios.


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